Hablar de telemedicina es hablar de una de las transformaciones más profundas que han experimentado nuestros sistemas sanitarios en las últimas décadas. Lejos de ser una tendencia pasajera, la telemedicina representa un verdadero cambio estructural: requiere de importantes inversiones tecnológicas, actualización de políticas sanitarias y una apuesta por la formación continua de los profesionales para responder a las nuevas demandas sociales.
La pandemia de COVID-19 aceleró la implantación de este avance, facilitando el acceso a consultas médicas y mejorando la experiencia de pacientes y profesionales. Además de estos beneficios, su adopción abre una vía para reducir la huella de carbono del sector sanitario, contribuyendo a una sanidad más sostenible y responsable.
¿Cómo contribuye la telemedicina a la sostenibilidad medioambiental?
La telemedicina consiste en la prestación de servicios médicos a distancia, lo que permite la interacción entre profesionales y pacientes sin la necesidad de desplazamientos físicos. Incluye el uso de videollamadas, el intercambio seguro de datos médicos y la utilización de recetas electrónicas, entre otras. Entre los principales beneficios medioambientales de la telemedicina destacan:
- Reducción de desplazamientos: cada consulta presencial implica un desplazamiento, generalmente en coche o transporte público, lo que genera emisiones de dióxido de carbono.
- Disminución del uso de papel: la digitalización de informes, historiales clínicos y recetas médicas elimina la necesidad de impresión, lo que supone un ahorro de recursos. El uso de expedientes electrónicos facilita, además, el almacenamiento seguro y accesible de la información médica.
- Optimización de recursos sanitarios: permite una mejor gestión del tiempo y espacio, reduciendo la saturación en consultas y salas de espera y minimizando el consumo energético de las instalaciones.
A nivel operativo, la telemedicina también genera ahorros en costes, agiliza la atención y mejora la calidad de vida de los usuarios. Un centro de salud que implementa consultas virtuales puede reducir los tiempos de espera, aumentar la capacidad de atención y destinar más recursos a los casos que requieren atención presencial. El impulso de la telemedicina es fundamental para avanzar hacia un sistema sanitario más eficiente, resiliente y sostenible.
Tanto es así, que su impacto ya es medible. Un estudio publicado en el American Journal of Managed Care muestra que el uso de la telemedicina en 2023 permitió evitar emisiones de dióxido de carbono equivalentes a las de hasta 130.000 coches circulando cada mes.
Desafíos y oportunidades para una salud más sostenible
No obstante, existen retos a considerar en la consolidación de la telemedicina. El alcance real de la reducción de emisiones dependerá de la adopción generalizada de la atención digital por parte de los pacientes y de la integración efectiva de soluciones tecnológicas en los servicios sanitarios. Asimismo, es imprescindible garantizar la equidad en el acceso, especialmente en poblaciones vulnerables o en áreas con limitada conectividad digital.
Además, es necesario el desarrollo de infraestructuras digitales seguras y la formación continua de profesionales y pacientes. Es fundamental establecer un marco normativo que promueva el crecimiento de la telemedicina sin perder de vista los estándares de calidad y seguridad en la atención.
En cualquier caso, la telemedicina no solo está suponiendo un avance tecnológico en la prestación de servicios sanitarios, sino que constituye una respuesta eficaz para reducir la huella de carbono del sector. Impulsar su desarrollo es apostar por un futuro más saludable y sostenible, donde la innovación tecnológica y el respeto al medioambiente van de la mano.