Temblores en perros: por qué ocurren y cuándo preocuparse

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Los temblores en perros generan dudas comprensibles. A veces responden a situaciones diarias y otras pueden avisar de problemas como dolor, fiebre o trastornos neurológicos.

Para interpretar estos temblores, es importante centrarse en 3 aspectos: duración, desencadenante y síntomas asociados. Si son breves y aparecen tras haberse mojado, por estrés o frío leve, suelen ser normales. Si persisten, aumentan o aparecen sin causa aparente, consulta al veterinario, sobre todo en cachorros y perros más mayores.

6 causas habituales de los temblores en perros

Antes de alarmarte, recuerda que muchos temblores son normales y contextuales. Observa qué está pasando alrededor de tu perro y cómo se comporta justo antes y después. Esa información es clave para interpretar el origen:

  1. Secarse tras mojarse: después de un baño o un paseo lluvioso, el movimiento de sacudida expulsa hasta el 70% del agua del pelaje y ayuda a prevenir la hipotermia. Es un reflejo útil y esperado.
  2. Estrés o miedo: en esta clase de situaciones, los perros pueden temblar y además gemir, jadear, agachar las orejas o esconderse. Puede ser recomendable recurrir a un conductista canino si es necesario.
  3. Emoción: al jugar, cuando llegas a casa o antes del paseo, los temblores en perros ayudan a descargar energía. Es más frecuente en perros jóvenes. Mejor ignorar la excitación hasta que se calmen y reforzar después la tranquilidad con caricias.
  4. Frío: las razas pequeñas o de pelaje fino tiritan con más facilidad. En este contexto, un abrigo mejora su confort invernal. Si el temblor por frío persiste, consulta para descartar hipotermia.
  5. Edad avanzada: puede aparecer temblor asociado al envejecimiento. Si es excesivo, podría indicar dolor (sobre todo articular) y requiere valoración veterinaria.
  6. Debilidad muscular: suele notarse en las patas traseras y remite con descanso. Si molesta, el veterinario puede pautar ejercicios, masaje o hidroterapia.
  7. Razas miniatura: por su pequeño tamaño y metabolismo rápido, estos perros pierden calor y energía con mayor rapidez. Un estudio los describe como más nerviosos e hiperactivos, con mayor tendencia a temblar por emoción y a presentar apego, ansiedad y miedo.

Como pauta práctica, toma nota del patrón: cuándo empiezan, cuánto duran, en qué lugar y tras qué actividad. De esta manera, modula el entorno y refuerza la calma cuando el perro ya esté tranquilo. Si con estos ajustes el temblor disminuye y tu perro mantiene apetito, juego y conducta habituales, todo está bajo control.

Señales de alerta y cuándo acudir al veterinario

Sin embargo, hay casos en los que el temblor es un síntoma y no una simple respuesta al entorno. Por ello es necesario que estés atento a estas señales que marcarán la diferencia en la prevención:

  • Náuseas: además del temblor, pueden aparecer chasqueo de labios, degluciones repetidas, hipersalivación, bostezos, apatía o tendencia a esconderse. Si se suma vómito, diarrea o fiebre, pide valoración veterinaria.
  • Moquillo canino: este virus contagioso es más común en cachorros no vacunados. Se acompaña de tos, secreción nasal y ocular y fiebre. Ante la sospecha, acude de inmediato al veterinario.
  • Convulsiones: además del temblor, puede haber espuma en la boca, desmayo o mordedura de lengua. Requieren atención urgente.
  • Dolor o fiebre: el temblor puede acompañar procesos dolorosos o febriles. Si es persistente o se intensifica, requiere evaluación.
  • Cambios de conducta llamativos: si aparecen apatía, rechazo al movimiento, vómitos u otros signos nuevos, considera una revisión-

Como guía práctica, busca ayuda profesional si el temblor es nuevo, prolongado, va en aumento o se acompaña de otros signos. En cachorros y perros más mayores, la consulta debe ser prioritaria. Cuando exista duda, apuesta por el criterio de tu veterinario: mejor una revisión a tiempo que pasar por alto un problema

Recuerda

Entre las señales de alerta que requieren consulta se encuentra el temblor persistente con vómitos, diarrea, fiebre o convulsiones.
Para valorar un episodio, observa su duración, desencadenante y síntomas.
En razas miniatura, el tamaño pequeño y el metabolismo rápido favorecen la pérdida de calor y energía, y se asocian a más temblores por emoción y a mayor ansiedad/apego.