Nadar, mucho más que un deporte de verano

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La piscina se suele asociar con el verano, aire libre, buen tiempo, agua fresquita y mucho tiempo para pasar en torno a ella, ya sea dentro chapoteando o fuera leyendo un libro. Pero para muchas personas es el sitio perfecto para ponerse en forma practicando natación, sin importar la época del año.

Quizá sea por esa asociación con el buen tiempo, o no, pero la natación es un deporte que tiene cada vez más adeptos, seguramente por causar menos impacto en las articulaciones que otros deportes como correr. Además, la sensación que provoca en el cuerpo estar dentro del agua aporta un mayor bienestar e incluso puede tener efectos analgésicos.

La natación es cardiosaludable, ayuda a mejorar el tono muscular y hará que el cuerpo trabaje de forma más eficiente, reduciendo las pulsaciones y respiraciones en reposo. Al ser un ejercicio aeróbico que no requiere de grandes esfuerzos, es muy recomendable para personas con hipertensión arterial y otros problemas del sistema circulatorio. También hacer ejercicio en el aguar ayuda a reducir dolencias y a estirar los músculos de la espalda, ya que en la natación la columna no es la encargada de soportar todo el peso de nuestro cuerpo.

La natación también requiere de técnica

Para que sus beneficios sean notables se debe practicar de forma regular, en sesiones de entre 30 y 60 minutos de 3 a 4 veces por semana. Como cualquier otro deporte, su práctica debe comenzarse con pocas sesiones, entre 1 y 3 por semana, con una duración de 10 a 30 minutos, para aumentar cada semana 5 minutos.

Los beneficios de la natación deben completarse con una dieta equilibrada, incluso cuando se practique con el objetivo de ayudar a perder peso. Las calorías que se pueden quemar nadando dependerán de diversos factores tales como la duración, la intensidad, el estilo de nado (crol, espalda, braza, mariposa…), tu peso e incluso tu técnica. Otro punto importante es la hidratación: practicar deporte en el agua no significa que tu cuerpo no sude o no necesites beber agua.

Calienta y estira

En la natación, como en cualquier otra práctica deportiva, tan importante es realizar correctamente la actividad como calentar adecuadamente antes de meterse a la piscina y estirar a conciencia tanto antes como al término de la sesión. Estos ejercicios evitarán la aparición de lesiones y prepararán al cuerpo para la actividad, reduciendo el impacto del cambio de temperatura entre el exterior y el interior de la piscina, puesto que el agua suele estar más fría, provocando que los músculos se contraigan en el proceso de adaptación.

Por lo tanto, antes de lanzarse al agua, es fundamental realizar movimientos para calentar que impliquen todos los músculos del cuerpo, centrándote especialmente en el tren superior, concretamente en la zona de los brazos y los hombros, que son los que soportan la mayor tensión. Tampoco se deben olvidar las piernas y el resto del tronco. Por su parte, los estiramientos ayudan a aumentar la resistencia, la fuerza y la flexibilidad, multiplicando el efecto saludable de la práctica de este ejercicio físico y deben realizarse tanto antes para activar el riego sanguíneo, como después para favorecer que los músculos se relajen y se recuperen antes del esfuerzo.

Si quieres comenzar a nadar, te recomendamos acercarte a cualquier centro deportivo con piscina, ya que en muchos de ellos se imparten clases de natación, que pueden ser muy útiles para aprender a nadar bien, establecer una rutina de entrenamiento e incluso disponen de  cursos específicos para corregir problemas de postura o calmar los dolores causados por lesiones de diferente tipo.

¡Dale una oportunidad a la natación y tendrás piscina todo el año!

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